
Un Legado Financiero
En 1864, se fundó el primer banco extranjero en México, y su influencia se hizo sentir con fuerza en Querétaro a finales del siglo XIX. La sucursal, inaugurada oficialmente alrededor de 1897, se ubicó inicialmente cerca del Jardín de Santa Clara, antes de trasladarse en 1908 a un majestuoso edificio frente al Jardín Obregón, hoy conocido como Jardín Zenea.

Bajo la dirección de Carlos Koffal, quien fue su primer gerente en la ciudad, el banco se consolidó rápidamente como un pilar económico local. En 1908, con la llegada de Leopoldo Martínez Uribe como gerente, el banco no solo brindó servicios financieros, sino que se convirtió en un motor para el crecimiento del comercio y la minería de la región. Su papel fue crucial para financiar estas actividades, reflejando la prosperidad del comercio exterior y la introducción de billetes propios en esa época.

A medida que avanzaba el siglo XX, la sucursal del banco enfrentó diversas transformaciones financieras y, tras la Revolución, fue absorbida por grupos financieros nacionales a medida que la economía del país evolucionaba. Con el tiempo, se convirtió en uno de los tres principales bancos en el Querétaro de los años sesenta, junto al Banco de Comercio y el Banco Nacional de México.
Este banco no solo marcó el inicio de prácticas financieras modernas en Querétaro durante el Porfiriato, sino que también dejó un legado perdurable en la historia económica de la ciudad. Su impacto continúa siendo recordado como un hito en el desarrollo de la infraestructura financiera de la región.