QUIVAX-UAQ y la odisea de la industria de vacunas en México

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El 22 de abril del año pasado, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) anunció que había iniciado investigaciones para desarrollar una vacuna contra la COVID-19. Hoy, a más de diez meses de dar a conocer la noticia, el proyecto QUIVAX- UAQ, como lo ha nombrado la universidad, se encuentra en fase preclínica y a punto de transitar hacia la experimentación en seres humanos.

Platicamos con el doctor Juan Joel Mosqueda Gualito, profesor e investigador de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Naturales de la UAQ y encargado del Laboratorio de Inmunología y Vacunas de la Facultad, donde durante veinte años se han desarrollado vacunas contra enfermedades de importancia en medicina veterinaria, y donde actualmente se llevan a cabo los estudios de la vacuna quimérica multipeptídica de la casa de estudios.

El nacimiento del proyecto

El doctor comenzó por explicarnos sobre las características de la vacuna, cuyo proceso de creación es único en el país, y muy distinto al de la gran mayoría de vacunas que actualmente se aplican en el mundo.

“Lo que nosotros desarrollamos en el laboratorio son vacunas de nueva generación, que utilizan nuevas tecnologías. Tradicionalmente en las vacunas se han utilizado virus, bacterias o patógenos completos, y aunque han sido eficaces, tienen muchas desventajas porque hay que conservarlas en cultivos de células y luego purificarlas. Nosotros no hacemos eso, en nuestro caso hemos estudiado qué utiliza el virus para infectar a las células y nada más esa parte del virus es lo que utilizamos como vacuna”.

“Por eso se llama quimérica multipeptídica. Imaginemos que el virus con una mano agarra la manija de la puerta para entrar a la célula. Entonces, lo que hacemos es seleccionar los cinco dedos de la mano del virus, y esos dedos son, por así decirlo péptidos. Incorporamos los cinco dedos en una vacuna multipeptídica que evite que los virus entren a la célula por la puerta”.

Avanzar contra la corriente

Tras varios meses de investigación, los científicos de la universidad obtuvieron una vacuna, misma que fue aplicada en al menos a 80 animales entre cabras, ratones, ovejas, conejos y cerdos, con resultados muy alentadores pues, además de presentar anticuerpos, no mostró síntomas desfavorables. Sin embargo, a pesar del alentador preámbulo, Mosqueda cuenta que los inicios del proyecto no fueron nada sencillos.

“Tuvimos muchos problemas al principio porque empezaron a cerrarse las fronteras. Como todos los reactivos de laboratorio que se utilizan en la investigación en México son importados, se detuvo la importación de muchos reactivos importantes”.

“La universidad cerró sus instalaciones y tuvimos que pedir una autorización especial para que nos dejaran entrar a trabajar al laboratorio. Eso lo conseguimos sin ningún problema porque la universidad siempre nos ha apoyado en este proyecto. De hecho, las autoridades universitarias nos han facilitado mucho que la gente haya venido al laboratorio en plena pandemia. Nos facilitó un medio de transporte específico y nos proporcionó almuerzos”.

Desde marzo pasado, los científicos han trabajado en la fase preclínica de la vacuna durante más de diez horas al día y seis días a la semana, incluyendo periodos vacacionales. Entre estos colaboradores se encuentran docentes y estudiantes de posgrado, quienes han decidido pausar sus proyectos personales para contribuir en el desarrollo de la QUIVAX-UAQ y que pueda ser aprobada para la experimentación en seres humanos.

“Los docentes que estamos involucrados en el proyecto no hemos parado de dar clases. En realidad, todo el semestre pasado y este semestre hemos dado clases en línea, y en los tiempos muertos vamos al laboratorio a ver qué hay de avances y si podemos apoyar a los estudiantes que vienen al laboratorio y a los profesores que están sacando el trabajo”.

“Seguimos en fase preclínica, nos faltan algunos ensayos y hasta que no tengamos esos ensayos no podemos mandar nada a la agencia reguladora aquí en México, que es COFEPRIS, para que nos den la autorización de pasar a la fase clínica. Pasando a la fase clínica, empezamos con las fases I y II, y tenemos que pasar estas dos fases para que nos den la autorización de pasar a la fase clínica III”.

“El grado de avance depende mucho del apoyo económico”

Sin embargo, los mayores obstáculos con los que ha tenido que lidiar el proyecto han sido la escasez de materiales y la falta de capital financiero para solventar la enorme inversión que implica llevar a cabo las diferentes fases de experimentación.

“El problema es que desarrollar una vacuna es extremadamente costoso. En la fase III, por ejemplo, hay que comprar un seguro de vida a las personas, hay que tomarles muestras y hay que mantenerlas en observación por personal capacitado que se tiene que contratar específicamente para eso. Se requiere una fuente de financiamiento que esté aportando continuamente capital, y eso no ha sucedido hasta ahora”.

“La universidad empezó apoyando este proyecto, sin ese apoyo no habríamos podido avanzar nada porque no teníamos apoyo al inicio. Después, el gobierno federal nos apoyó con cierto presupuesto con el que hemos podido avanzar y también hemos recibido donaciones importantes por parte de la sociedad, algunas empresas y el público en general. Eso ha hecho que podamos comprar cierto equipo que es muy costoso, y que nos ha permitido avanzar un poco más”.

Entre el presupuesto otorgado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, las aportaciones de las arcas universitarias y las donaciones, se han reunido cerca de 5 millones de pesos. El doctor Mosqueda reveló la cantidad estimada en el futuro cercano y las razones por las que una planeación total del proyecto en lo económico es imposible. Además, explicó el dilema por el que atraviesan con la inversión por parte de las empresas.

“No sabemos exactamente cuánto va a costar todo el proyecto, pero teníamos al inicio estimado un total de 14 millones de pesos para terminar las fases clínicas I y II, y hasta el momento hemos recibido alrededor de una tercera parte de este monto. Después de eso, la fase 3 es mucho más costosa, por lo tanto, hay que saber hasta dónde queremos llegar para saber el costo”.

“Las empresas que nos han contactado han sido varias, pero en cuanto saben que está en fase preclínica no les interesa tanto porque las fases clínicas I y II son muy riesgosas. Lo que queremos es tener datos suficientes para convencerlas de que le apuesten a producir la vacuna en sus instalaciones, solo que esperan los resultados de las fases clínicas para ver si invierten, es como un círculo vicioso que nunca termina.”

Actualmente existen seis proyectos, en su mayoría universitarios, que desarrollan una vacuna contra COVID-19 en nuestro país. Si bien las propuestas y tecnologías utilizadas son diferentes en cada proyecto, comparten el hecho de que no han avanzado adecuadamente debido al factor económico y tecnológico en México.

“Pienso que es una mezcla de varios factores, uno de ellos es la limitante económica porque son proyectos muy caros, y el presupuesto que se nos otorgó es poco. Otra es la falta de tecnología en México para evaluar vacunas de forma eficiente, no hay una cultura y no hay un área de evaluación de vacunas como sí existe en otros países.

También el asunto de la pandemia, porque las universidades están cerradas, la gente no puede entrar fácilmente a las instituciones, la gente tiene parientes con COVID y eso hace que no vayan a trabajar tan seguido, los reactivos que no llegan, y todo ese tipo de cosas ha hecho que todo vaya mucho más lento”.

El futuro de la vacuna queretana

Finalmente, el doctor Mosqueda nos aclaró el panorama que se vislumbra para el futuro de la vacuna y su aplicación de forma masiva. Asimismo, nos compartió sus inquietudes sobre las deficiencias de las que adolece el desarrollo médico y científico de nuestro país, así como la importancia de visibilizar y brindar apoyo a proyectos como QUIVAX-UAQ.

“Es muy difícil dar una fecha estimada. La gente siempre quiere una fecha exacta, porque ve que ya hay vacunas aplicándose y entonces piensan “¿por qué ustedes van tan lentos?”. Bueno, esas vacunas fueron apoyadas con más de 300 o 400 millones de dólares y nosotros no hemos recibido siquiera 200 mil dólares. Entonces, obviamente el grado de avance depende mucho del apoyo económico.

“Los países que tienen su vacuna primero van a poner a su gente, por eso creemos que México también tiene que invertir en la industria del desarrollo de vacunas porque esta no es la única pandemia que nos va a llegar, si no estamos preparados va a pasar exactamente lo mismo. La idea es que podamos responder de manera rápida porque se tengan todas las capacidades tecnológicas, las instalaciones adecuadas y el recurso suficiente. Como nada de eso se tiene, es muy difícil avanzar”.

Apoyemos al desarrollo del proyecto de una de las vacunas contra COVID-19 más esperanzadoras de nuestro país. 👇

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